viernes, 20 de mayo de 2011

Manu Brabo

Lo primero, celebrar la liberación del fotógrafo gijonés Manu Brabo. Pero confieso que desde que surgió la noticia rondan por mi cabeza algunas reflexiones sobre los reporteros de guerra, los verdaderos motivos que les llevan a jugarse el tipo y las consecuencias para un país de su actitud, tan bien valorada en una sociedad que genera héroes cada día, pero tan poco eficaz a mi juicio.

El mismo concepto de fotoperiodista me despierta curiosidad. ¿Quién se habrá inventado el palabrejo? No lo había oído en mi vida. Después de cinco años de Facultad de Ciencias de la Información, de miles de folios de apuntes, de libros interminables..., nada. Ni una mención, ni una referencia. Fue años después cuando empecé a escuchar el término, salido directamente de la profesión de los fotógrafos que publican en prensa, quizás para hacerse de más, para hacerse oír en el sector, o simplemente para tapar, como ocurre con los periodistas, la carencia de una preparación que les faculte para trabajar en un medio de comunicación.

Reporteros gráficos se les llamaba en mi época de estudiante de periodismo. Venían a ser algo así como periodistas que en vez de narrar con bolígrafo o grabadora, lo hacían a través de una cámara de fotos o de vídeo. Vamos, profesionales con una base teórica, con criterio periodístico para afrontar las noticias, con conocimientos prácticos en la utilización de sus herramientas de trabajo. Y que me perdonen los ofendidos, pero viendo trabajar a algunos, a muchos diría yo en el caso de Asturias, como sucede también con los redactores, la profesión está de luto.

No digo yo que tener un título te garantice ser buen periodista o buen reportero gráfico. Pero tampoco el título de abogado o de cirujano te garantizan ser un buen profesional. ¿Se atrevería alguien a acudir a un juicio acompañado de una persona que sabe mucho de leyes pero que no es abogado? ¿O a operar a su hijo con alguien que se leyó todos los libros de medicina del mundo pero que no es cirujano? Pues la defensa jurídica o la vida son derechos fundamentales recogidos en la Constitución, al igual que el derecho a la información. Al mismo nivel.

Volviendo a los reporteros de guerra. Su valentía es loable, pero, al igual que en el término antes comentado de fotoperiodismo, veo en ellos un halo de heroicidad, de ego inflado en exceso hasta llegar a poner los beneficios para su imagen de cubrir una guerra por delante de ese supuesto fin de informar al mundo de lo que está pasando realmente. Y por delante de las relaciones internacionales y de la diplomacia de su país, que debería estar para otras cosas, al menos eso creo yo.

Cuando vas a una guerra, vas a eso, a una guerra. A un lugar donde se matan a tiros unos a otros y a donde los 'malos' suelen ser dictadores que controlan al milímetro la información y las fotos que se difunden al mundo. Al milímetro, que nadie dude que lo que vemos en los periódicos de lo que pasa en Libia es lo que el gobierno libio consiente, no hay lugar para los héroes. ¿O acaso algún fotoperiodista se atreve a ir a China y contarnos al mundo la vulneración continua de derechos? No lo va a hacer porque no le van a dejar, ni siquiera a través de internet, porque los gobiernos también controlan el 'grifo' de las redes sociales. Y porque eso tiene menos glamour.

En Haití siguen muriendo cientos de personas de hambre, tantas como al día siguiente del terremoto. Pero ya no está de moda, los telediarios no le dedican ni un minuto, y por tanto no es un destino atractivo para periodistas y fotógrafos.

Quizás el día en el que le den un premio 'Pulizter' a un fotógrafo por contar con su cámara la miseria ylas injusticias sociales que hay en su barrio todos esos jóvenes que sueñan con ser Bauluz se lo piensen. Para mí los héroes están más cerca, aquí, en mi humilde periódico y en otros periódicos de mi ciudad, de mi región, de mi país. Porque plasman una realidad diaria que muchas veces parece anodina e insulsa, pero que en algunos casos (y eso hace que su profesión valga la pena) ayudan a mejorar la sociedad en la que vivimos y sirven de altavoz de los más débiles.

Felicidades Manu Brabo. Unas cuantas fabadas y como nuevo.

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